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Archive for the ‘Quinto’ Category

La leyenda de Baba Doquia

Hace mucho tiempo en un pueblo lejano de Rumanía al pie de la montaña vivían los Dacios que eran fuertes y valientes. En este tiempo fueron invadados por los Romanos que querían conquistar Dacia. Las mujeres Dacias eran muy guapas y la hija del Rey Bogdan era la más guapa de todas.

El comandante Romano Cornelius se enamoró de Doquia , la hija del rey, y quería raptarla.

Entonces Doquia decidió esconderse en la cima de la montaña llamada Cárpatos.

Era el fin del invierno en el que el tiempo cambiaba cada dia.

Antes de irse ella se vistió con nueve abrigos. En las montañas, Doquia andaba y cada día hacía más calor así que cada día tiraba un abrigo.

En el noveno día después de tirar su último abrigo empezó a hacer frio.

De tanto frio Doquia se heló y se transformo en piedra.

Si hoy vas a las montañas llamadas Cárpatos, veras las estatua de Doquia y también desde entonces hay una costumbre según la cual cada Rumano escocoge un día de los nueve  primeros de marzo y según como sea ese día, así sera cada año.

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Autora: Laura. Quinto Curso.

Érase una vez, en una linda casita había un cuadro con dos niños pintados. Tenían la carita tan pícara que no sé como se estuvieron quietos para que los pintaran.

Una noche de luna llena decidieron bajar del cuadro y como no hacían ruido, otearon toda la casa. Al llegar a la cocina encontraron dulces, caramelos y, en el frigorífico…

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¡Un pastel!. Como sabían leer, leyeron “¡Feliz Cumpleaños, Florencia!”.

Decidieron no tocarlo y se fueron a la habitación de las niñas. Allí encontraron toda clase de juguetes, construcciones con puentes, túneles, caminitos y jardines con flores. Construyeron un castillo y dentro formaron un corazón y pusieron: “Florencia”.

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Con las muñecas hacían de príncipes y princesas y a los grandes peluches los pusieron de reyes.

De pronto, una de las niñas bosteza: “Huaaaaaaa”.

Los niños se quedaron quietos, porque si alguien los veía, no podrían volver al cuadro.

Como vieron que no había peligro siguieron jugando largo rato. Estaban tan contentos que de repente, todos los muñecos empezaron a moverse.

Florencia se levantó para hacer “pipí” y entonces todos los muñecos se quedaron tirados por el suelo.

Como iba medio dormida no los vio. Volvió a acostarse y los muñecos siguieron bailando. Estaban tan contentos que no se dieron cuenta de que se estaba haciendo de día.

¡Corrieron hasta su cuadro!. Se metieron en él y se pusieron en la misma posición que cuando los habían pintado.

Al despertar, las niñas se sorprendieron del desorden de su cuarto, pero al ver el corazón en el medio del castillo, Florencia sonrió y le dijo a su mamá: “Mami, mira que castillo más lindo”.

Laura. Quinto Curso.

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